Se considera unidad familiar al conjunto de personas que conviven en un mismo domicilio y que están vinculadas entre sí por parentesco, afectividad o dependencia económica. Esta unidad puede incluir a padres, madres, hijos/as, parejas, hermanos/as o incluso cuidadores no familiares que forman parte del entorno habitual del paciente.
Desde el punto de vista social y administrativo, la unidad familiar tiene un peso considerable, ya que sobre ella se basan las decisiones relacionadas con prestaciones contributivas o no contributivas, como las ayudas por dependencia, reconocimientos de discapacidad o planificación de cuidados a largo plazo.
En el caso de las personas que viven con enfermedad renal crónica(ERC), el rol de la unidad familiar es especialmente relevante. Pues, su apoyo puede fomentar una actitud más positiva, una aceptación frente a la enfermedad y facilitar la adhesión al tratamiento, lo que marca una diferencia significativa en el/la paciente.