La nefrotoxicidad es el daño que sufren los riñones como consecuencia de la exposición a medicamentos, sustancias químicas u otros agentes capaces de alterar su funcionamiento. Este daño puede ser temporal o permanente y, si no se detecta a tiempo, puede provocar una disminución de la función renal.
Las personas con enfermedad renal crónica (ERC) tienen una mayor susceptibilidad a desarrollar nefrotoxicidad, ya que sus riñones ya presentan una disminución de su capacidad de filtración. El riesgo puede aumentar con determinados antibióticos, antiinflamatorios no esteroideos (AINE), tratamientos oncológicos o contrastes yodados utilizados en algunas pruebas diagnósticas.
La prevención es la mejor estrategia para reducir el riesgo de nefrotoxicidad. El personal sanitario puede adaptar la dosis de algunos medicamentos, evitar aquellos que resulten perjudiciales para el riñón y realizar controles periódicos mediante análisis de sangre y orina. Si aparece daño renal, el tratamiento consiste en retirar o sustituir el agente causante siempre que sea posible y adoptar medidas para proteger la función renal bajo supervisión médica.