Unidad Cardiorrenal del Hospital Doctor Peset recibe la acreditación de excelencia que concede la SEC

Trabajadoras de la Unidad Cardiorrenal del Hospital Doctor Peset. Foto: GVA

Fuente: Valencia Plaza
Publicado: 21/02/2026

VALÈNCIA (EP). La Unidad Funcional Cardiorrenal del Hospital Universitario Doctor Peset ha recibido la acreditación oficial de excelencia que concede la Sociedad Española de Cardiología (SEC) a través de su programa SEC-Excelente. Esta certificación reconoce el «compromiso de la unidad con la calidad asistencial, la seguridad del paciente y la atención multidisciplinar en el manejo de las enfermedades cardiovasculares y renales».

La acreditación ha sido otorgada tras un riguroso proceso de evaluación y certifica que la unidad «cumple con los estándares de excelencia establecidos por la SEC, tanto en estructura y equipamiento, como en protocolos clínicos, coordinación entre especialidades y formación continuada de los equipos profesionales», ha informado la Generalitat en un comunicado.

«Estamos muy orgullosas, ya que esta acreditación supone un reconocimiento al trabajo coordinado de nuestros equipos y refuerza nuestro compromiso con la atención integral al paciente cardiorrenal», ha destacado la doctora Amparo Valls, cardióloga en la Unidad Funcional Cardiorrenal del Hospital Universitario Doctor Peset.

El programa SEC-Excelente tiene como objetivo «fomentar la excelencia clínica, impulsar la adopción de buenas prácticas y garantizar que los centros asistenciales cumplan con criterios homogéneos y exigentes de calidad». Asimismo, busca otorgar un «reconocimiento oficial a aquellas unidades que alcanzan estos niveles de excelencia, contribuyendo así a una atención sanitaria más eficaz, segura y centrada en el paciente».

La certificación sitúa a esta unidad entre las de «referencia nacional» y contribuye al «impulso de modelos asistenciales integrados que abordan de forma conjunta la enfermedad cardíaca y renal». La doctora Sandra Beltrán, nefróloga de esta unidad, ha subrayado que la colaboración entre ambas especialidades permite «optimizar los tratamientos, reducir hospitalizaciones y mejorar la calidad de vida de los pacientes».

Unidad funcional cardiorrenal

La Insuficiencia Cardíaca y la Enfermedad Renal Crónica son dos patologías que coexisten y «aumentan significativamente el riesgo y la complejidad clínica de las personas que las padecen». Su abordaje requiere un «enfoque integral y multidisciplinar», lo que ha impulsado la creación de unidades donde especialistas en Cardiología y Nefrología trabajan de forma coordinada para «mejorar los resultados clínicos, optimizar recursos y garantizar la continuidad asistencial».

En este marco, los servicios de Cardiología y Nefrología pusieron en marcha en noviembre de 2020 la Unidad Funcional Cardiorrenal, con el objetivo de ofrecer una «atención especializada a las personas con síndrome cardiorrenal, optimizar la atención terapéutica y reducir eventos adversos».

Desde su creación, esta unidad ha logrado «reducir significativamente» los ingresos hospitalarios de personas afectadas por síndrome cardiorrenal. Antes de iniciar su seguimiento en la unidad, los pacientes tenían una media de 4,35 ingresos anuales, cifra que se ha reducido hasta 0,31 ingresos en la actualidad, cuatro veces menos.

La unidad ha evaluado y tratado a 90 pacientes, y se ha consolidado como «referente» en el abordaje conjunto de estas patologías. Está integrada por especialistas en Cardiología y Nefrología, que trabajan de forma conjunta en una consulta presencial y simultánea y consensuan el «mejor tratamiento» para cada paciente.

Por su parte, la Unidad Funcional Cardiorrenal cuenta con la colaboración de otros servicios del hospital y en ella juega un «papel fundamental» el personal de Enfermería, que se encarga del seguimiento y educación sanitaria de los pacientes. Esta unidad dispone, además, de espacio para realización de pruebas complementarias (bioimpedancia, extracción de muestras) y para la administración de tratamiento intravenoso si fuera necesario.

En el quinto y último episodio de Salud Interconectada, una iniciativa de Boehringer Ingelheim, se reúnen tres voces complementarias para ofrecer una mirada transversal sobre las enfermedades cardiovasculares, renales y metabólicas. Desde la práctica clínica, la medicina familiar y la experiencia directa del paciente, la doctora Eva Cotilla, el doctor Kiko Brotons y Sagrario de Osma reflexionan sobre la interconexión entre estas patologías, la importancia del diagnóstico temprano, el valor de la educación sanitaria y la necesidad de una atención verdaderamente coordinada y centrada en la persona.

El punto de partida de esta conversación es una idea clave que ha atravesado toda la serie: estas enfermedades no se presentan de forma aislada. Comparten mecanismos fisiopatológicos, factores de riesgo y, con frecuencia, evolucionan conjuntamente. La doctora Cotilla lo resume así: “Intentamos poner etiquetas a los pacientes, pero en realidad hablamos de un continuo de riesgo cardiorrenometabólico”. Una progresión silenciosa que puede derivar en complicaciones graves si no se identifica y aborda desde fases iniciales.

Desde el ámbito de la atención primaria, el doctor Brotons destaca el papel esencial del médico de familia para detectar las primeras señales, muchas veces subclínicas, como alteraciones en el perfil lipídico, la presión arterial o el filtrado glomerular. “Tenemos una posición privilegiada: somos accesibles y vemos al paciente desde etapas muy tempranas”, afirma. Pero insiste también en una dificultad estructural: “Para poder actuar a tiempo, el paciente debe acudir. Y al principio, estas enfermedades no dan la cara”.

Sagrario de Osma, gerente de la Asociación para la lucha contra las Enfermedades del Riñón ALCER Turia, aporta la perspectiva de quienes viven la enfermedad en primera persona. Explica que el diagnóstico muchas veces llega tras un largo periodo de incertidumbre, en el que se encadenan síntomas, pruebas y consultas. “El paciente necesita información clara desde el principio. Saber qué hacer, cómo cuidarse y por qué es importante seguir ciertas pautas”, afirma. Una dieta adecuada, por ejemplo, puede ralentizar la progresión de la enfermedad renal, pero sin una orientación comprensible y continua, es difícil sostener esos cambios.

Uno de los temas centrales del episodio es la necesidad de mejorar la educación sanitaria. El doctor Brotons señala que, aunque existen campañas sobre otros temas de salud, sigue habiendo poco esfuerzo en promover hábitos saludables relacionados con estas enfermedades. La doctora Cotilla introduce además el concepto de alfabetización funcional del paciente: la capacidad de comprender y manejar su enfermedad en el día a día. “No se trata solo de leer prospectos, sino de entender el sentido de cada recomendación para poder seguirla a largo plazo”, explica.

Desde las asociaciones, Sagrario recalca la importancia del acompañamiento emocional, la información continua y el apoyo personalizado. “Cada analítica puede implicar cambios en la dieta o en la medicación. Entender el porqué de cada ajuste mejora la adherencia al tratamiento y la calidad de vida”, sostiene.

En la parte final del episodio, se pone el foco en cómo construir una atención más humana. La doctora Cotilla destaca la importancia de consultas cercanas y honestas: “Sin dramatizar, pero sin ocultar. Hay que hablar claro y con sensibilidad”. El doctor Brotons, por su parte, defiende abandonar la verticalidad en la relación médico-paciente: “Debemos tomar decisiones compartidas. Negociar objetivos, informar con rigor y escuchar”. También llama a reforzar la coordinación entre niveles asistenciales, para ofrecer un abordaje real y efectivo del síndrome cardiorrenometabólico.

Sagrario concluye con una reflexión que resume el espíritu del episodio: “Esta enfermedad no se afronta solo desde la consulta. Es un trabajo de equipo, donde el paciente también tiene un papel activo. Y con apoyo, se puede vivir bien”.

Así cierra Salud Interconectada, una serie que ha recorrido el papel de la atención primaria, el trabajo hospitalario, la prevención, la calidad asistencial y, en este episodio final, la experiencia directa de quienes conviven con estas enfermedades. Un recorrido por una realidad compleja que exige más coordinación, más educación, más cercanía y, sobre todo, una atención verdaderamente centrada en la persona.

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