Los diuréticos son un grupo de medicamentos que favorecen la eliminación de agua y sales minerales, como el sodio, a través de la orina. Existen diferentes tipos de diuréticos, cada uno con un mecanismo de acción específico y unas indicaciones concretas según las necesidades de cada paciente.
En las personas con enfermedad renal crónica (ERC), los diuréticos pueden formar parte del tratamiento cuando los riñones no son capaces de eliminar correctamente el exceso de líquidos. Estos fármacos ayudan principalmente a controlar la retención de líquidos, los edemas y la hipertensión arterial, una de las principales causas de progresión de la enfermedad renal y un factor de riesgo importante de enfermedad cardiovascular.
Aunque suelen ser medicamentos seguros, los diuréticos pueden alterar los niveles de potasio, sodio y otros electrolitos, además de favorecer la deshidratación si no se utilizan correctamente. Por ello, siempre deben tomarse bajo prescripción médica y con revisiones periódicas que permitan ajustar el tratamiento según la evolución de cada paciente.