La diabetes mellitus y la enfermedad renal crónica están estrechamente relacionadas. De hecho, la diabetes es una de las principales causas de insuficiencia renal en todo el mundo.

Muchas personas con diabetes pueden desarrollar problemas en los riñones sin presentar síntomas en las fases iniciales. Por este motivo, resulta fundamental realizar revisiones médicas periódicas para detectar el daño renal de forma precoz. Además, controlar los niveles de azúcar, la presión arterial y la alimentación puede ayudar a retrasar la progresión de la enfermedad y reducir complicaciones cardiovasculares graves.

En este artículo, desde ALCER Turia te explicamos la relación entre diabetes y enfermedad renal crónica: cómo afecta esta enfermedad a los riñones, cuáles son los síntomas de afectación renal y qué medidas pueden ayudar a frenar su progresión y mejorar la calidad de vida.

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¿Por qué la diabetes causa insuficiencia renal?

La diabetes puede dañar los riñones de forma progresiva cuando los niveles de glucosa permanecen elevados durante largos periodos de tiempo. Este exceso de azúcar en sangre afecta a los pequeños vasos sanguíneos renales y altera su capacidad para filtrar correctamente la sangre, eliminar toxinas y regular el equilibrio de líquidos y minerales del organismo.

Con el paso de los años, esta hiperglucemia mantenida puede derivar en nefropatía diabética y enfermedad renal crónica. Además, factores como la hipertensión arterial, el colesterol elevado, la obesidad o el tabaquismo aceleran el deterioro renal en pacientes con diabetes.

Estudios científicos confirman que entre un 20 y un 40 % de las personas con diabetes desarrollan nefropatía diabética. Sin embargo, la diabetes puede afectar a los riñones durante años sin causar síntomas evidentes. Por ello, controlar la glucosa, la tensión arterial y realizar analíticas periódicas resulta fundamental para detectar precozmente cualquier alteración renal y actuar cuanto antes.

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Síntomas de afectación de los riñones por diabetes

La diabetes puede afectar a los riñones sin causar síntomas evidentes en las primeras etapas. Por eso, muchas veces el daño renal se detecta mediante analíticas periódicas antes de que aparezcan señales físicas claras. El diagnóstico se basa principalmente en el estudio de la albúmina en orina y en el descenso persistente del filtrado glomerular estimado.

No obstante, algunos síntomas que pueden alertar de problemas en los riñones por diabetes son:

  • Hinchazón en piernas, tobillos o párpados: puede producirse debido a la retención de líquidos cuando los riñones ya no son capaces de eliminarlos correctamente.
  • Cansancio o fatiga constante: cuando la función renal se deteriora, pueden acumularse toxinas en el organismo. Esto puede provocar debilidad, falta de aire o sensación de agotamiento persistente.
  • Espuma y cambios en la orina: la espuma puede ser una señal de presencia de proteínas en la orina (proteinuria). También pueden aparecer cambios en la cantidad, frecuencia o aspecto de la orina.
  • Falta de apetito o náuseas: en fases más avanzadas, la acumulación de sustancias de desecho puede afectar al sistema digestivo. Esto puede causar malestar, náuseas o menor apetito.
  • Picor de la piel: puede relacionarse con alteraciones en minerales y toxinas cuando el riñón no filtra correctamente. Suele ser más frecuente en enfermedad renal crónica avanzada.
  • Calambres musculares: pueden aparecer por cambios en los niveles de líquidos y minerales como potasio, calcio o fósforo. Su aparición debe valorarse especialmente si la persona ya tiene diabetes y enfermedad renal crónica.

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Consecuencias de tener diabetes y enfermedad renal crónica

La coexistencia de enfermedad renal crónica y diabetes puede tener un impacto importante sobre diferentes órganos y sistemas del cuerpo. A medida que la función renal disminuye, aumenta también el riesgo de complicaciones cardiovasculares, metabólicas y nutricionales que requieren un seguimiento médico cercano.

Entre las consecuencias más frecuentes de la ERC y diabetes destacan:

  • Deterioro progresivo de la enfermedad renal: la función renal puede empeorar con el tiempo hasta derivar en insuficiencia renal avanzada o terminal.
  • Necesidad de diálisis o trasplante: cuando los riñones dejan de funcionar correctamente, puede ser necesario iniciar tratamiento renal sustitutivo.
  • Aumento del riesgo cardiovascular: las personas con ERC y diabetes tienen más probabilidad de sufrir infartos, ictus y mortalidad cardiovascular.
  • Alteraciones en el control de la glucosa: el deterioro renal puede modificar cómo el organismo elimina la insulina y algunos medicamentos, aumentando el riesgo de hipoglucemias o hiperglucemias.
  • Impacto en la calidad de vida: la fatiga, las restricciones dietéticas y el tratamiento médico pueden afectar al bienestar físico y emocional de la persona afectada.

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Cómo controlar la diabetes y ERC

Controlar el estado de personas con diabetes y enfermedad renal crónica requiere un abordaje integral. No se trata solo de reducir los niveles de glucosa, sino también de cuidar la presión arterial, el colesterol, la alimentación y otros hábitos que influyen directamente en la salud renal y cardiovascular.

Además, este control siempre debe adaptarse a cada persona y a la fase en la que se encuentre la enfermedad, con el seguimiento y las pautas de profesionales especializados. En las Guías KDIGO (Kidney Disease: Improving Global Outcomes) recomiendan un enfoque por capas: priorizando primero el estilo de vida y SGLT2, luego añadir GLP1 y otros fármacos con beneficio cardiorenal, junto con control de glucosa, presión y lípidos.

A continuación explicamos los pilares fundamentales para el control de la diabetes y la ERC:

  1. Control de glucosa en sangre ➤
  2. Seguimiento de la presión arterial y el colesterol ➤
  3. Tratamiento farmacológico y protección renal ➤
  4. Educación y autocuidado ➤
  5. Alimentación y hábitos de vida saludables ➤

Control de glucosa en sangre

Un control glucémico adecuado es fundamental, ya que mantener niveles elevados de glucosa en sangre puede acelerar el deterioro de la función renal. Además, controlar la glucosa dentro de los objetivos recomendados ayuda a prevenir otras complicaciones asociadas a la diabetes.

En las revisiones se valoran parámetros como la hemoglobina glicosilada (HbA1c), uno de los marcadores principales para conocer la evolución del control glucémico. Y para su control suele ser necesario combinar tratamiento farmacológico, alimentación adaptada, ejercicio físico y revisiones médicas periódicas.

Seguimiento de la presión arterial y el colesterol

La presión arterial y el colesterol deben vigilarse de forma estrecha cuando conviven diabetes y enfermedad renal crónica. Ambos factores pueden acelerar el deterioro renal y aumentar el riesgo de complicaciones cardiovasculares.

Por este motivo, el seguimiento médico debe incluir controles periódicos de tensión arterial y perfil lipídico. En muchos casos, mejorar estos parámetros requiere combinar medicación, alimentación saludable, actividad física regular y reducción del consumo de sal.

Tratamiento farmacológico y protección renal

El tratamiento farmacológico también juega un papel fundamental en el control de la diabetes y la enfermedad renal crónica. Actualmente, existen medicamentos que no solo ayudan a controlar la glucosa, sino que además ofrecen protección renal y cardiovascular.

Entre ellos destacan los inhibidores de SGLT2 y los agonistas GLP-1, que ayudan a reducir los niveles de glucosa y aportan beneficios sobre el riñón y el sistema cardiovascular. También pueden utilizarse fármacos que actúan sobre el sistema renina-angiotensina, como los IECA o ARA-II, así como antagonistas del receptor mineralocorticoide no esteroideos, que contribuyen a reducir la albuminuria y el riesgo renal y cardiaco.

Educación y autocuidado

La educación terapéutica permite que las personas con diabetes y enfermedad renal crónica comprendan mejor su enfermedad y participen activamente en su cuidado. Esto incluye conocer la importancia de la medicación, la alimentación, la actividad física y los controles médicos periódicos.

El autocuidado consciente mejora la adherencia a la medicación y a las pautas dietéticas. Además, el apoyo de profesionales especializados puede ayudar a adaptar las recomendaciones a las necesidades de cada persona. Todo ello contribuye a proteger la función renal y mejorar la calidad de vida.

Alimentación y hábitos de vida saludables

La alimentación y el estilo de vida influyen directamente en la evolución de la diabetes y la enfermedad renal crónica. Una dieta adaptada a la situación clínica de cada persona puede ayudar a mejorar el control glucémico, proteger el riñón y prevenir complicaciones nutricionales y cardiovasculares.

Junto con estas pautas nutricionales, mantener hábitos saludables como realizar ejercicio físico de forma regular, descansar adecuadamente, no beber alcohol y evitar el tabaco resulta clave para ralentizar la progresión de la enfermedad renal y mejorar el bienestar de la persona.

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Dieta para enfermedad renal crónica y diabetes​

La nutrición es uno de los pilares fundamentales en personas con diabetes y enfermedad renal crónica. Sin embargo, no existe una única dieta válida para todo el mundo: las necesidades pueden variar según el filtrado renal, el control de la glucosa, el riesgo de desnutrición, el tratamiento, los gustos y los hábitos personales.

Además, cuando conviven diabetes y enfermedad renal, las dietas altas en proteína que a veces se recomiendan para el control de la diabetes pueden no ser adecuadas, ya que un exceso proteico puede acelerar el daño renal. Por eso, no solo importa la cantidad de alimentos, sino también su calidad y su adaptación a cada situación clínica.

También es fundamental garantizar un aporte suficiente de energía. Si se reduce la proteína sin una pauta adecuada, puede aumentar el riesgo de pérdida de masa muscular o sarcopenia, desnutrición y deterioro del estado general.

Por ello, contar con profesionales especializados en dietética renal permite establecer un plan nutricional individualizado, mejorar la adherencia al tratamiento y favorecer una mejor calidad de vida.

A continuación, explicamos los principales nutrientes que se deben controlar en una dieta para enfermedad renal crónica y diabetes:

Proteínas

Las proteínas deben ajustarse según la situación renal de cada persona. Pues, aunque son necesarias para mantener la masa muscular y el estado nutricional, un consumo excesivo puede acelerar el deterioro de la función renal. Por ello, se indica que:

  • Estadios 3 y 4 de ERC: suele recomendarse un consumo aproximado de 0,8 g/kg/día.
  • Tratamiento de diálisis: puede requerirse un aporte superior a 1,2 g/kg/día debido a las pérdidas proteicas asociadas al tratamiento.
  • Trasplante renal: la cantidad de proteína debe adaptarse según el filtrado glomerular y la evolución clínica de cada persona.

Carbohidratos

Una persona con diabetes y enfermedad renal crónica debe elegir y repartir bien los carbohidratos a lo largo del día para mantener la glucosa estable y evitar picos de azúcar en sangre. Para ello, es recomendable:

  • Evitar azúcares simples: como zumos, refrescos, bollería, dulces y productos con azúcar añadido, ya que pueden elevar rápidamente la glucosa.
  • Priorizar carbohidratos complejos: como patata, legumbres, cereales integrales o verduras.
  • Controlar las cantidades: adaptar las raciones según la recomendación de profesionales sanitarios es fundamental para mejorar el control glucémico y proteger la salud renal.

Grasas

Las grasas también deben cuidarse, especialmente porque las personas con diabetes y enfermedad renal crónica tienen mayor riesgo cardiovascular. Para ello, es recomendable:

  • Evitar grasas saturadas y trans: presentes en bollería industrial, fritos, margarinas, productos ultraprocesados y algunos aceites refinados.
  • Priorizar grasas saludables: como el aceite de oliva virgen extra, el pescado azul, frutos secos controlados otras fuentes de grasas mono y poliinsaturadas.
  • Controlar las cantidades: aunque algunas grasas sean saludables, deben ajustarse al plan nutricional de cada persona para evitar un exceso calórico y cuidar el perfil cardiovascular.

Sal, potasio y fósforo

En personas con diabetes y enfermedad renal crónica, algunos minerales como el sodio, el potasio y el fósforo deben controlarse especialmente, ya que los riñones pueden perder capacidad para regular sus niveles correctamente. No obstante, las restricciones siempre deben adaptarse según la analítica y la fase de la enfermedad renal.

Estas son las pautas recomendadas:

  • Sal (sodio): un exceso de sal puede favorecer la hipertensión arterial y la retención de líquidos. Por ello, se recomienda limitar el consumo de embutidos, precocinados, snacks salados, conservas y otros productos ultraprocesados.
  • Potasio: cuando la función renal está más deteriorada, puede acumularse en sangre y generar hiperpotasemia. Dependiendo de la analítica, puede ser necesario controlar alimentos ricos en potasio como algunas frutas, verduras, cacao o frutos secos.
  • Fósforo: niveles elevados de fósforo pueden afectar a la salud ósea y cardiovascular. Por este motivo, si existe hiperfosfatemia se recomienda moderar el consumo de productos ultraprocesados, refrescos, embutidos o alimentos con aditivos fosfatados.

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Rocío Zafón Bonet

Contenido supervisado por Rocío Zafón Bonet

Nutricionista del equipo multidisciplinar de ALCER Turia

Graduada en Nutrición Humana y Dietética y Técnico Superior en Laboratorio Clínico y Biomédico. Acredita formación avanzada en el área renal, con participación en el XVII Simposium de Nutrición en Enfermedad Renal Crónica (NERC) y el curso de Tratamiento Nutricional del Paciente Renal certificado por el Colegio Oficial de Dietistas-Nutricionistas de la Comunidad Valenciana (CODiNuCoVa).

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